Tener mucha hambre puede afectar tu impulsividad y toma de decisiones

Tener mucha hambre puede afectar tu impulsividad y toma de decisiones

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Ir al supermercado cuando estas hambriento puede a menudo resultar en algunas compras impulsivas y excesivas, pero un nuevo estudio sugiere que ir de compras por comida pueda no ser la única tarea aconsejable con un estómago vacío. Según los investigadores, quienes publicaron su trabajo en la revista de Neuropsicofarmacología, una hormona particular que se libera cuando tenemos hambre interfiere con una parte del cerebro que controla nuestra impulsividad, haciéndonos más propensos a tomar decisiones apresuradamente.

La hormona en cuestión es conocida como ghrelina, donde sus niveles tienden a subir muy alto justo antes de las horas de comer, inspirándonos a comer con el objetivo de seguir con la vida. Por sobre esto, la ghrelina también juega un rol en la regulación del sistema de recompensa del cerebro, el cual es el que nos lleva a buscar estímulos placenteros como el sexo y las drogas, así como también la comida.

La actividad de este sistema de recompensa está por lo tanto atada de manera muy cercana a la impulsividad, la cual se refiere a nuestra habilidad – o falta de la misma – de ejercitar la restricción de nuestra continua búsqueda de placer. Una importante región del cerebro llamada área tegmental ventral (ATV), la cual forma parte del sistema de recompensa del cerebro, se ha mostrado que juega un rol crucial en la modulación de la impulsividad, llevando a los autores del estudio a hipotetizar que la ghrelina puede de alguna forma comprometer la actividad de la ATV.

Para investigar esto, enseñaron a ratas a realizar tres tareas relacionadas con la impulsividad. La primera de estas, requirió que las ratas esperaran un periodo de tiempo determinado antes de presionar un palanca, después del cual recibirían una dulce recompensa. La segunda tarea, que se refería a ir/no-ir, vio a las ratas recibir la recompensa si presionaban o se abstenían de presionar la palanca, dependiendo de si una luz parpadeaba o sonaba un tono. Finalmente, la tercera prueba enfrentó a las ratas con una decisión, donde podían empujar una palanca inmediatamente para recibir una pastilla de azúcar, o esperar un periodo de tiempo determinado antes de empujarla para recibir cuatros pastillas.

Una vez que las ratas habían dominado todas estas tres pruebas, los investigadores inyectaron ghrelina en sus cerebros. Esto causó que presionaran prematuramente la palanca durante la primera prueba, mientras las hacía tres veces más propensas a presionar en lugar de dejar la palanca en la prueba de ir/no-ir. También se volvieron mucho menos capaces de esperar por la recompensa más grande en la tercera prueba, indicando que la hormona afectó tanto su impulsividad motora como su habilidad para tomar decisiones.

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Para confirmar el rol de la ghrelina, los investigadores repitieron el experimento usando ratas con mucha hambre, en lugar de esas que habían recibido la inyección de la hormona. Una vez más, los roedores se volvieron menos competentes al realizar las tres pruebas. Sin embargo, cuando los autores del estudio inyectaron a las ratas con un inhibidor de ghrelina, sus niveles de rendimiento volvieron a la normalidad, niveles no-hambrientos.

Finalmente, decidieron inyectar ghrelina directamente en la ATV, y no centralmente, para confirmar la importancia de esta región particular del cerebro en el control de la impulsividad. Hacer eso “fue suficiente para obtener la eficiencia reducida vista con las inyecciones de ghrelina en el cerebro”, escribieron los autores, indicando que la ATV era efectivamente responsable por este incremento en la impulsividad y la ruptura del autocontrol.

Aparte de revelar por qué algunas veces terminamos comprando un pastel de cumpleaños completo para la cena, los resultados de este estudio además proveen una base potencial para tratar ciertos trastornos de comportamiento. Como explicó Karolina Skibicka, coautora del estudio, “los receptores de ghrelina en el cerebro pueden ser un blanco posible para futuros tratamientos de trastornos psiquiátricos que son caracterizados por problemas con la impulsividad e incluso trastornos alimenticios”.

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