El frío, la calefacción y las alergias invernales alteran la superficie ocular y explican un problema tan común como molesto durante los meses más fríos. Y es que en estos días invernales, muchas personas notan un síntoma recurrente que, aunque suele restarse importancia, puede resultar especialmente incómodo: el lagrimeo constante de los ojos. No se trata solo de una reacción emocional al frío, sino de un fenómeno fisiológico relacionado con la sequedad ocular, las condiciones ambientales y los hábitos propios de esta época del año.
Según explican los expertos de General Optica, durante los meses invernales la superficie del ojo se expone a temperaturas más bajas, menor humedad ambiental y corrientes de aire que alteran la película lagrimal. Como respuesta, el organismo produce más lágrimas para intentar proteger e hidratar el ojo, dando lugar a ese lagrimeo reflejo tan habitual en esta estación.
Paradójicamente, “cuando los ojos lloran con frecuencia en invierno, en muchos casos lo que hay detrás es sequedad ocular”, señalan desde la compañía. La explicación está en la calidad de la lágrima: cuando se evapora demasiado rápido o se altera su composición, el ojo activa un mecanismo de defensa generando lágrimas en exceso, aunque estas no siempre hidratan correctamente.
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Frío y viento: el primer desencadenante para el lagrimeo de los ojos en invierno
Las bajas temperaturas son uno de los principales factores que explican por qué los ojos lloran más en invierno. El frío reseca la superficie ocular y provoca una constricción de los vasos sanguíneos, reduciendo el flujo sanguíneo y potenciando la sensación de sequedad. Como consecuencia, las glándulas lagrimales aumentan la producción de lágrimas para compensar esa falta de hidratación.

A ello se suma el viento, que acelera la evaporación de la película lagrimal y facilita la entrada de partículas como polvo, arenilla o restos de maquillaje. “El ojo responde produciendo lágrimas para limpiarse y protegerse”, explican los especialistas.
Para minimizar estos efectos, recomiendan proteger el rostro con gorros o sombreros y utilizar gafas de sol grandes y envolventes, incluso en invierno, siempre con protección frente a los rayos ultravioleta. Evitar la exposición directa a corrientes de aire frío también ayuda a reducir el lagrimeo.
La calefacción, otro factor que nos hace echar lágrimas en invierno
El uso prolongado de sistemas de calefacción en interiores es otro de los grandes responsables de la sequedad ocular invernal. Estos sistemas reducen considerablemente la humedad ambiental, lo que favorece la evaporación de la lágrima y deja el ojo más expuesto a la irritación.
Ambientes secos pueden provocar síntomas como picazón, enrojecimiento, hinchazón y lagrimeo persistente. Mantener una temperatura moderada y utilizar humidificadores en casa o en el trabajo es una de las medidas más eficaces para preservar la hidratación ocular durante el invierno.
Alergias que no descansan en invierno
Aunque las alergias suelen asociarse a la primavera, el invierno también tiene sus propios alérgenos. Uno de los más relevantes es el polen de las cupresáceas, cuya polinización comienza en diciembre y alcanza su pico entre enero y febrero. Cipreses, arizónicas, enebros o cedros, muy presentes en jardines urbanos, son responsables de numerosos casos de picor y lagrimeo ocular en esta época.
Además, al pasar más tiempo en espacios cerrados, aumenta la exposición a ácaros del polvo y a la caspa de las mascotas, así como al moho, frecuente en ambientes húmedos como baños o sótanos. Todos ellos pueden desencadenar reacciones alérgicas a nivel ocular.
Para reducir la exposición, los expertos aconsejan mantener una limpieza adecuada del hogar, lavar la ropa con agua caliente, usar textiles antialérgicos, consultar los niveles de polen y, si los síntomas persisten, acudir a un especialista para un diagnóstico preciso.
Pantallas, cansancio y fatiga visual
El invierno también suele implicar más tiempo en casa y, con ello, un mayor uso de pantallas: ordenadores, móviles, televisión o lectura prolongada. Este esfuerzo visual continuado reduce la frecuencia del parpadeo y favorece la sequedad ocular, lo que puede acabar provocando irritación y lagrimeo.
En estos casos, la conocida regla 20-20-20 es una aliada eficaz: cada 20 minutos, descansar la vista durante 20 segundos mirando a un objeto situado a unos seis metros de distancia.
Lentes de contacto: atención especial en invierno
El uso de lentes de contacto requiere un cuidado aún más riguroso durante los meses fríos. Una manipulación inadecuada, una higiene deficiente o no respetar los tiempos de uso puede incrementar la irritación ocular y el lagrimeo.
Desde General Optica recuerdan la importancia de lavarse bien las manos antes de manipular las lentillas, renovar el líquido a diario, cambiar el estuche con regularidad y no dormir ni ducharse con ellas puestas.
Consejos para evitar el lagrimeo excesivo en invierno
Viviana Outeda, óptico-optometrista y responsable del Área de Contactología y Servicios de Salud Visual de General Optica, insiste en algunas pautas básicas para cuidar los ojos en invierno: utilizar lágrimas artificiales, parpadear con frecuencia, no frotarse los ojos, mantenerse bien hidratado y acudir de forma periódica a revisiones visuales. “El lagrimeo persistente no debe normalizarse. Identificar su causa es clave para proteger la salud ocular y evitar complicaciones”, concluye la especialista.









