Cada día, alrededor de 90 vehículos son sustraídos en España, según el último Balance de Criminalidad del Ministerio de Interior. Solo en el tercer trimestre de 2024, el total de coches robados fue de 8.568, lo que supone un acumulado anual de 24.840 vehículos, un 2,5% más que año anterior en el mismo periodo.
Detrás de esta cifra alarmante se esconden historias de ciudadanos que ven cómo su vida cotidiana se ve afectada por una práctica delictiva que va en aumento. Más allá del valor económico, el robo de un coche supone una vulneración de la seguridad personal, una amenaza para el bienestar familiar y una carga emocional que pocos consideran hasta que se enfrentan a ella.
El robo de coches no solo se traduce en pérdidas económicas para las aseguradoras y propietarios, sino que genera una sensación de inseguridad que impacta directamente en la calidad de vida de la sociedad. Las víctimas suelen experimentar ansiedad, miedo y desconfianza hacia su entorno. En las grandes ciudades, donde la incidencia es mayor, esta amenaza se convierte en una preocupación constante que afecta a la percepción de seguridad en el espacio público.
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La evolución de los métodos de robos de coches
Además, las cifras demuestran que los ladrones han evolucionado, pasando de métodos rudimentarios a técnicas propias de ciberdelincuentes. Mientras que en el pasado los vehículos más antiguos eran el blanco principal, hoy en día los coches más modernos y conectados también están en su punto de mira. Esta sofisticación del crimen evidencia cómo la tecnología, si no se gestiona correctamente, puede convertirse en una vulnerabilidad.
Teniendo en cuenta de que actualmente el parque de vehículos es muy variado en España porque conviven modelos nuevos con otros bastante antiguos, las técnicas de robo son muy variadas. De ahí que los métodos de robo de coches pueden variar según objetivos y recursos disponibles por parte de los cacos.
Del engaño tradicional a la piratería digital
Según los expertos de Alquiber, los métodos de robos de coche clásicos, como el uso de ganzúas o la rotura de lunas, siguen siendo frecuentes, especialmente para vehículos sin sistemas antirrobo avanzados. Sin embargo, los delincuentes han perfeccionado sus tácticas, empleando estrategias como el pinchazo de ruedas en áreas de descanso para obligar al conductor a detenerse, facilitando así el hurto del coche.
El engaño también se puede distinguir entre los métodos de robos de coche clásicos. Alguien simula una avería en una autopista y cuando alguien acude en su ayuda se convierte en la víctima, ya que un socio del ladrón le termina robándole el coche desde el arcén.
A este repertorio se suman técnicas propias de la era digital. El clonado de llaves electrónicas, la introducción de software malicioso a través del puerto OBD o el acceso remoto a los sistemas del vehículo son prácticas cada vez más habituales. La conectividad de los automóviles, diseñada para facilitar la vida de los usuarios, se ha convertido en un arma de doble filo que los delincuentes no dudan en aprovechar.
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El impacto de los robos de coches trasciende la esfera individual. Las familias que dependen del vehículo para su vida diaria se enfrentan a dificultades para desplazarse al trabajo, llevar a los niños al colegio o atender a personas mayores. En los barrios más afectados, la sensación de inseguridad mina la cohesión social y genera desconfianza entre vecinos.
Asimismo, los robos tienen un efecto directo sobre las primas de los seguros, que tienden a encarecerse en las zonas con mayor incidencia, penalizando a toda la comunidad. Las aseguradoras, por su parte, se ven obligadas a destinar recursos a la prevención y recuperación de vehículos, lo que repercute en el coste final para los clientes.
Cómo protegerse ante los métodos de robos de coches
Ante esta amenaza creciente, la concienciación y la prevención se erigen como las mejores armas, según comparten desde Alquiber. Los expertos de esta compañía de renting para empresas recomiendan adoptar medidas básicas, como aparcar en zonas iluminadas y transitadas, utilizar sistemas antirrobo visibles o instalar localizadores GPS. Además, es fundamental no dejar objetos de valor a la vista y evitar rutinas que puedan ser detectadas por los delincuentes.
En el ámbito digital, la actualización constante del software del vehículo y el uso de aplicaciones seguras son imprescindibles para reducir el riesgo de ataques informáticos. La normativa europea WP.29, que obliga a los fabricantes a proteger sus sistemas contra más de 70 amenazas cibernéticas, es un paso adelante en la protección de los usuarios, aunque la responsabilidad última recae también en los propios conductores.
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