Con la llegada del frío, las calefacciones se encienden y el consumo eléctrico vuelve a dispararse. Cada año, el coste de la energía sube durante los meses de otoño e invierno por múltiples factores: la inflación, los conflictos internacionales que afectan al precio de los combustibles fósiles, o el propio equilibrio entre la oferta y la demanda de electricidad. Todo ello se traduce en facturas más elevadas para los hogares españoles.
Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el consumo medio anual de un hogar en España ronda los 3.487 kWh, lo que supone un gasto cercano a 1.000 euros al año. Y las previsiones no son optimistas: el Operador del Mercado Ibérico de Electricidad (OMIE) estima que la factura mensual subirá unos 9 euros más este otoño-invierno respecto a 2024.
“En los últimos cinco años, la factura eléctrica ha experimentado un incremento del 40 al 45 %. Y los expertos anticipan que seguirá esta tendencia”, explica Javier Martínez, vicepresidente ejecutivo del Grupo Lumon, empresa especializada en soluciones de acristalamiento.
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Ahorrar electricidad es buscar la eficiencia energética: un aliado contra el frío y las subidas
En este contexto, cada pequeño gesto de ahorro cuenta. Y una de las medidas que más está creciendo entre los hogares españoles es el acristalamiento de terrazas y balcones, una solución que permite mejorar el aislamiento térmico y reducir el gasto energético.
“Además de proteger las terrazas del ruido o del viento, el acristalamiento crea una barrera natural que mantiene la temperatura interior más estable. Esto se traduce en menos uso de calefacción y, por tanto, en ahorro”, señala Ana Almagro, directora de marketing de Lumon España.
Los estudios realizados por la compañía muestran que las terrazas acristaladas pueden ahorrar hasta 300 kWh de energía al año, lo que supone una reducción del 2 % al 20 % en calefacción, dependiendo del tipo de vivienda.
Más confort, menos gasto
Los beneficios van más allá del ahorro económico. Quienes instalan este tipo de sistemas aseguran que la temperatura interior mejora notablemente. Carlos Sicre, cliente y embajador de Lumon, lo ha comprobado en su propio hogar:
“La temperatura de mi salón de 30 m² aumenta unos 3 ºC gracias al acristalamiento. Al principio lo hice para usar la terraza durante más meses al año, pero enseguida noté que también me ayudaba a reducir la factura de la calefacción e incluso a proteger mis plantas del frío”, comenta.
En su caso, instaló sensores digitales para medir la temperatura y humedad tanto dentro como fuera de la terraza. Los resultados fueron claros: la terraza acristalada mantenía una temperatura media 6 ºC superior al exterior. Una diferencia que se traduce en menos necesidad de calefacción y más confort térmico.
Dónde se gasta más energía en casa
Ahorrar pasa también por entender en qué se va la electricidad. De acuerdo con el IDAE, los electrodomésticos suponen más del 55 % del consumo energético de un hogar. La iluminación representa otro 11,7 % y el agua caliente, un 7,5 %.
Las estancias donde más se consume son la cocina y el salón, por lo que conviene revisar hábitos y equipos. “El cristal es un material aislante que contribuye a reducir los costes energéticos a largo plazo en estas zonas. En algunos hogares hemos detectado reducciones del 10 al 15 % del consumo total”, añade Almagro.

Consejos sencillos para ahorrar energía este invierno
Además del aislamiento, hay muchos gestos cotidianos que pueden ayudar a contener la factura:
- Descongela el frigorífico regularmente. Una capa de hielo de pocos milímetros puede aumentar su consumo un 30 %.
- Aprovecha el calor natural. Sube las persianas durante las horas de sol y bájalas al anochecer para conservar el calor acumulado.
- Revisa el horno. Este electrodoméstico representa el 8,3 % del consumo del hogar. Siempre que sea posible, usa el microondas: consume hasta un 60 % menos energía.
- Opta por la inducción. Las placas de inducción calientan más rápido y son más eficientes que las vitrocerámicas convencionales.
- Iluminación LED. Sustituir todas las bombillas por modelos de bajo consumo puede reducir el gasto en iluminación hasta un 80 %.
- Evita el “stand-by”. Televisores, routers o consolas siguen consumiendo energía incluso apagados. Desconectarlos por completo puede suponer un ahorro de entre 50 y 100 euros al año.
La energía que no se gasta, también se gana
El ahorro energético no solo beneficia al bolsillo, también al planeta. Reducir el consumo de electricidad implica menor demanda de combustibles fósiles y menos emisiones de CO₂. Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, los hogares representan alrededor del 20 % del consumo energético final en España, por lo que los cambios individuales tienen un impacto colectivo real.
Cada grado que se baja en la calefacción, cada kilovatio que se evita gastar o cada cristal que mejora el aislamiento contribuyen a un uso más responsable de la energía. Y, en un momento en el que los precios no parecen dar tregua, esas decisiones se convierten en un acto de ahorro… y de sostenibilidad.









