La llegada de la Navidad altera por completo el ritmo cotidiano. Las agendas se llenan de comidas familiares, encuentros sociales, viajes improvisados y horarios irregulares que rompen la rutina habitual. En este escenario, el ejercicio físico suele convertirse en una de las primeras víctimas del calendario festivo, desplazado por compromisos sociales y una sensación generalizada de “ya lo retomaré en enero”.
No obstante, disfrutar de las fiestas y cuidarse no son conceptos opuestos. Con equilibrio, flexibilidad y constancia, la Navidad puede convertirse en una oportunidad para reforzar hábitos saludables y empezar el nuevo año con una base sólida, sin culpas ni cuentas pendientes con el ejercicio.
Aún así, los expertos coinciden en que no es necesario elegir entre disfrutar de las fiestas o cuidarse. La clave está en adoptar una visión flexible del ejercicio, alejada de la culpa y de los objetivos inalcanzables. Mantener cierta constancia, aunque sea con entrenamientos más cortos o menos frecuentes, permite llegar a enero con energía, motivación y sin la sensación de empezar desde cero.
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Abandonar el deporte en Navidad: no eres el único
Los datos reflejan que la falta de actividad física no es un fenómeno puntual de las fiestas, sino un problema estructural. Según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre Hábitos deportivos en España, el 52 % de los españoles no practica ningún deporte de manera habitual. Paradójicamente, enero se convierte cada año en el mes de los buenos propósitos: las inscripciones en gimnasios aumentan alrededor de un 30 %. Sin embargo, este impulso inicial se desvanece rápidamente.
El módulo de Salud de la Encuesta de Condiciones de Vida revela que casi la mitad de las personas que empiezan a entrenar en enero abandona la actividad física en los tres meses siguientes. Este patrón demuestra que retrasar el inicio o la continuidad del ejercicio hasta “después de las fiestas” dificulta la consolidación de hábitos a largo plazo.
“La Navidad suele verse como un paréntesis en el que todo vale, pero ese enfoque hace que muchas personas pierdan la inercia positiva que habían construido durante el año”, explica Jesús Blanco, Master Trainer de Brooklyn Fitboxing. “No se trata de entrenar como siempre, sino de no desconectarse del todo”.
Disciplina y motivación están más ligados de lo que te piensas
Uno de los errores más comunes es esperar a que llegue la motivación para retomar el ejercicio. La evidencia científica y la experiencia de los entrenadores apuntan en otra dirección. Una publicación de la revista PLoS ONE indica que, aunque los entrenamientos de alta intensidad —como el HIIT— pueden resultar más exigentes al inicio, el disfrute y la adherencia aumentan con la regularidad, mientras que en la actividad física tradicional la constancia tiende a estancarse o incluso a disminuir.
“La motivación es variable y depende mucho del estado de ánimo o del contexto”, señala Blanco. “La disciplina, en cambio, es lo que te permite entrenar incluso en los días en los que no apetece. Y esa disciplina es la que, con el tiempo, acaba generando motivación”.
Este cambio de enfoque resulta especialmente útil durante las fiestas, cuando el cansancio, los compromisos sociales y los excesos puntuales pueden minar las ganas de entrenar.
Estrategias realistas para no abandonar el deporte en Navidad
Los especialistas recomiendan adaptar el entrenamiento al contexto festivo, en lugar de intentar mantener rutinas rígidas difíciles de cumplir. Entre las pautas más eficaces destacan:
Entrenamientos cortos y constantes. No es necesario dedicar una hora diaria al ejercicio. Caminar a buen ritmo, realizar sesiones de 15 o 20 minutos o aprovechar desplazamientos activos ayuda a mantener el hábito y reduce la sensación de abandono.
Progresión gradual en la intensidad. Probar disciplinas como fitboxing, Barre, BeatCore, CrossFit o entrenamientos funcionales puede resultar estimulante, siempre que la dificultad aumente de forma progresiva. Evitar el sobreesfuerzo inicial es clave para no desmotivarse.
Objetivos realistas y flexibles. La Navidad no es el momento de perseguir grandes marcas ni transformaciones físicas radicales. Metas alcanzables —como entrenar dos o tres veces por semana— ayudan a mantener la constancia sin presión.
Fijar un horario concreto. Reservar en la agenda un momento específico para entrenar, aunque sea breve, facilita el cumplimiento incluso en días con comidas o eventos sociales.
Entrenar en grupo o acompañado. Las clases colectivas o entrenar con amigos refuerzan el compromiso y aportan un componente social que encaja bien con el espíritu navideño.
Priorizar el descanso y la recuperación. Dormir bien y alternar esfuerzo con descanso es esencial para evitar la fatiga y mantener el rendimiento físico y mental durante estas semanas.
Elegir actividades accesibles y divertidas. Practicar un deporte que resulte agradable y que esté cerca de casa o del trabajo elimina barreras y excusas, facilitando la continuidad.
Llegar a enero sin empezar de cero
Mantener cierta actividad física durante la Navidad no solo tiene beneficios físicos, sino también emocionales. El ejercicio ayuda a gestionar el estrés, mejora el estado de ánimo y contribuye a compensar los excesos puntuales propios de estas fechas.
“Cuando en enero retomamos una rutina que nunca abandonamos del todo, el proceso es mucho más sencillo y sostenible”, concluye Jesús Blanco. “La Navidad puede ser un momento para bajar el ritmo, pero no para desconectar de uno mismo”.









